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Renovarse o…

El tiempo pasa y hay que hacer las cosas de otra manera, cambiar suele ser bueno. Aquí una libélula fotografiada de una manera totalmente diferente a lo habitual en mí hasta ahora.

La cámara es una Fuji X-T2. Sí, he cambiado todo (o casi todo) mi equipo Canon EOS por el sistema X de Fujifilm. Esto da para hablar mucho y supongo que lo haré en otro post.

El objetivo es un Canon FD 200mm f4 Macro, una delicia del pasado que para la macrofotografía de ciertos individuos como las libélulas es ideal. Las Fuji aceptan casi cualquier objetivo con su correspondiente adaptador, lo cual amplía las posibilidades enormemente. 

La luz es natural pero modificada con un paraguas blanco translúcido de estudio. Puede parecer una locura pero con este tinglado la distancia de trabajo aumenta mucho y no se asustan demasiado, se trata de proyectar una sombra y si se hace con cuidado es  bastante fácil. Es más complicado que se queden posando al acercarle un par de flashes a veinte centímetros o menos y aun así lo he hecho cientos de veces. Es cuestión de tener paciencia, lo habitual.

Trípode. Ahora sí, es imprescindible. 

Y bueno, el “focus peaking” en fotografía macro a toda máquina. Es la gran ventaja de estas cámaras, el enfoque manual pasa a otro nivel, es una maravilla.

En el EXIF no quedan reflejados los datos de diafragma ni la longitud focal, pero estoy bastante seguro de que debía ser f8 la apertura que usé.

Y poco más. Un cambio radical.

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Vuelta al macro

Hay cosas que dejas de hacer porque sí, aunque te hayan hecho sentir bien, aprender y tener una cierta satisfacción. Así somos los seres humanos.

Pero de repente hay algo que te hace volver a hacerlas. En fotografía hay algo que es un hecho, tener nuevas herramientas te incita a repetir el intento de hacer cosas que quisiste hacer pero que no acababas del todo de quedar contento. En macro, por ejemplo, el equipo es esencial para que el resultado sea de calidad y la propia dificultad de hacer fotos a semejantes criaturas hace que cualquier mejora se note mucho a la hora de tener éxito en la tarea.

En este caso tengo varias mejoras: La primera y fundamental, el objetivo. Tengo desde hace poco el “famoso” Canon EF MP-E 65mm f2.8. Es un objetivo extraño y súper especializado en fotografía macro, de hecho sólo sirve para eso. Canon dejó de fabricarlo en 2014, tengo entendido, así que sólo queda el stock que quede y el mercado de segunda mano para conseguirlo. Es poco corriente que una primera marca fabrique cosas así, tan especializadas en algo que fuera de aplicaciones científicas puedan tener demanda por parte de los fotógrafos.

Canon EF MP-E 65mm f2.8

Canon EF MP-E 65mm f2.8

He usado de todo para practicar la macrofotografía, desde objetivos normales con tubos de extensión hasta objetivos invertidos, lentes de aumento, etc. Pero lo ideal en mi opinión es un objetivo macro que sea capaz de llegar a una ratio de 1:1, sin entrar en qué longitud focal es la mejor. El MP-E empieza ahí, donde terminan los objetivos macro tradicionales y llega a una ratio de 5:1 sin accesorios de ningún tipo. La manera de llegar a esos ratios que he usado últimamente ha sido usando tubos de extensión, que no es mala solución pero provocan que la difracción sea mucho más evidente que con el MP-E a ratios altas, además de la pérdida de luminosidad que provocan.

El MP-E es tremendamente difícil de manejar al principio. Es muy similar a usar un objetivo invertido pero con la ventaja de poder usar el diafragma que quieras cómodamente y tener un enfoque manual normal, bueno, muy normal no es tampoco. De hecho cuesta tanto manejarlo que conozco a más de uno que lo ha dejado por imposible, por falta de paciencia, supongo. Cuando miras por el visor de la cámara no ves nada hasta que te acercas a unos pocos centímetros del sujeto, muy pocos incluso a 1:1. A partir de ahí todo es muy complicado. Es mejor normalmente elegir qué ratio necesitamos y luego acercarnos a lo que queremos fotografiar y luego, si es posible, aumentar el acercamiento. Todo esto con animales vivos y en el campo es muy dificultoso y la mayoría de las veces se van volando o dan un salto mientras intento enfocarlos, pero bueno, la dificultad es seguramente la gracia de todo esto. En realidad es como ir por el campo con un microscopio en las manos para hacer fotos.

El resto del equipo también ha cambiado, las cámaras que uso son las Canon EOS 5D MarkII y 7D MarkII, ambas se complementan de maravilla en esto de la macrofotografía. La ventaja de la 7D MKII es muy clara, el formato APS-C favorece el poder hacer fotos aparentemente más cercanas de los bichos y la 5D se defiende mejor al conseguir bonitos fondos y peleando con la difracción por aquello del “full frame”, pero de esto ya hablaré otro día.

La 7D MarkII con el MP-E totalmente extendido.

La 7D MarkII con el MP-E totalmente extendido.

Uso dos flashes muy sencillos con soft-boxes. No me gustan los flashes dedicados para macro, con flashes normales usados en modo manual tengo un control más preciso de lo que quiero hacer y los puedo colocar de muchas maneras, ahora hay flashes manuales muy apañados. Los sigo colocando en un soporte Manfrotto para macro que tengo desde hace más de diez años, es lo único que sigue igual. A veces uso un tercer flash en un trípode para iluminar el fondo o para actuar de contraluz. Esto puede dar para otro post más adelante.

En fin. Vuelvo al macro y de paso al blog, que estaba totalmente abandonado. Ambas cosas me han resultado muy agradables en otros tiempos.

Una hormiga con su rebaño de pulgones. Ratio 3:1 (aprox.) en la 7D MarkII.

Una hormiga con su rebaño de pulgones. Ratio 3:1 (aprox.) en la 7D MarkII.

Si alguien quiere que me extienda en algún concepto lo haré con gusto (dentro de mis posibilidades).

IR Sancti Petri

Probando cosas, Ilford SFX 200. Algo irreal, me gusta.

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Noviembre

Está siendo el mes de mi reencuentro con la fotografía química, y de momento estoy encantado. Unas cuantas de esta mañana.
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Muy revelador

Para mí no tiene mucho sentido tirar carretes y dejar que sea otro el que los revele, pierde la gracia el asunto si haces las fotos, las mandas al laboratorio y te devuelven los negativos y un DVD con las fotos ya escaneadas. Para eso, casi mejor usar una cámara digital y luego aplicar unos filtros de esos que imitan la película. Esto es una exageración, claro. O no, no sé. Es broma.
El caso es que pasé mis años mozos revelando, me encantaba y tenía ganas de volver a hacerlo. Ahora, además, la cantidad de información que hay en internet sobre todo tipo de “recetas” de revelado y sus resultados facilitan la cosa muchísimo, es mucho más fácil prever los resultados. La inversión es pequeña: Un tanque de revelado, unas botellas de fuelle, una jarra medidora del chino, un termómetro digital, unas pinzas de la ropa y los productos químicos. En total para empezar unos 70 €, creo. No hay ninguna dificultad para encontrar lo necesario en Internet. Como dicen por ahí “film is not dead, just smells funny”, y doy fe de que tiene un olor extraño.
Volver a usar una cámara de formato medio y un fotómetro de mano después de unos 10 años de usar exclusivamente cámaras digitales se hace un poco raro, pero enseguida te acuerdas de todo y además te das cuenta de que la fotografía digital te ha ayudado mucho a ser más resolutivo a la hora de elegir parámetros. El hecho de ver siempre el resultado de cada toma te ha hecho mucho más eficaz, esto me ha gustado mucho. También es cierto que en fotografía química te centras mucho más en lo que haces y eso también es bueno para cuando uses la digital. En suma, usar ambos sistemas simultáneamente me parece una gran idea. No es (solo) una pose, ciertamente.
En cuanto a la calidad, no, no consigo más calidad así. Es más bien el aspecto clásico que tiene una imagen química lo que la hace atractiva. Si lo que queremos es calidad y eficacia en un trabajo fotográfico tengo muy claro que la fotografía digital es la opción más sensata, pero la química tiene un no se qué que no sé yo. Es por placer por lo que hago esto.
Y bueno, aquí va un ejemplo: La Mamiya 645J con Fomapan 100 Classic, una película muy interesante. La he revelado con Kodak D-76 en 9 minutos. Para ser la primera prueba después de tantos años no estoy muy disgustado.

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No recordaba lo complicado que puede ser meter una película de 120 en la espiral a oscuras, me costó un poco. Está escaneada con un Canoscan 9000f MKII y tiene algún ajuste en PS, lo normal.
Cualquier duda en los comentarios, para eso estamos.

Actualizo: Otra del mismo carrete.

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